sábado, 19 de marzo de 2011

"Mi inventario de nostalgias"

Con Una casa para siempre comienza el nuevo libro de Enrique Vila Matas titulado Chet Baker piensa en su arte. Una casa para siempre es uno de los relatos que componen el volumen compuesto de historias breves escritos por el autor entre 1988 y 2010.

Me parece que no es necesario incidir en mi adoración por este autor catalán, (puesto que ya le he dedicado algunas entradas en el blog). El pasado 4 de marzo salieron algunos libros nuevos (fundamentalmente, recopilaciones de pequeños relatos) como el que nos ocupa hoy. El primer texto, que no recordaba, me dejó  impactada. La historia tiene como protagonistas al autor y a su padre y transcurre cuando el segundo se encuentra en su lecho de muerte. En ese momento crucial el padre le cuenta al hijo la historia de su madre, una mujer extraña: coleccionista de panes y amante del ejército, algo de lo que comienza a darse cuenta en la luna de miel. El viaje sucede en Turquía donde la madre se siente trastornada por esos panes planos (como el “pan pide”) tan típicos de esta región y tan ambigüo (mitad pan mitad pastel salado) como el propio texto. La narración continúa hasta un final maravilloso, que me voy a permitir escribir aquí (en la página web del autor podéis encontrar las primeras treinta página del libro, por tanto, también este relato)
 “Lo único que yo, a estas alturas del relato, comprendía perfectamente era que mi padre, en una actitud admirable en quién está al borde de la muerte,  estaba inventando sin cesar,  fiel a su constante necesidad de fabular. Ni la proximidad de la muerte le retraía de ese gusto por inventar historias. Y tuve la impresión de que deseaba legarme la casa de la ficción y la gracia de habitar en ella para siempre, Por eso, subiéndome  en marcha a su carruaje de palabras, le dije de repente:

    -Sin duda me confunde usted con otro. Yo no soy su hijo. Y en cuanto a tía Consuelo no es más que un personaje inventado por mí.

Me miró con cierta desazón hasta que por fin reaccionó. Vivamente emocionado, me apretó la mano y me dedicó una sonrisa feliz, la de quien está convencido de que su mensaje ha llegado a buen puerto. Junto al inventario de nostalgias, acababa de legarme la casa de las sombras eternas.

Mi padre, que en otros tiempos había creído en tantas y tantas cosas para acabar desconfiando de todas ellas, me dejaba una única y definitiva fe: la de creer en una ficción que se sabe como ficción, saber que no existe nada más y que la exquisita verdad  consiste en ser consciente de que se trata de una ficción y, sabiéndolo, creer en ella.” 
Aquí tenéis un buen ejemplo para descubrir la genialidad de un autor que mezcla el ensayo con la novela, realidad y ficción, lo excéntrico, lo raro… demostrando en cada uno de sus libros y, por cierto, también en sus artículos publicados en algunos diarios españoles, gran parte de su ingenio.

Más allá de ello, (y creo que mi pasión es obvia) estas palabras a las que me refiero, ha despertado en mi ciertos recuerdos, sentimientos y pensamientos  siempre cercanos y presentes con gran intensidad.

Quizás este no es un pan pide, quizás no he contado el argumento del cuento, quizás la madre del protagonista no coleccionaba panes (especialmente durante su viaje a Turquía) y es una simple excusa para hacer la receta, quizás Vila Matas no es uno de mis autores preferidos quizás nada de esto es verdad… pero, es seguro, que yo tengo mi “mi inventario de nostalgias y mi casa de las sombras eternas” donde me refugio en estos días desapacibles.

18 comentarios:

Elena dijo...

Creo que ese "inventario de nostalgias y casa de las sombras eternas" es un lugar al que todos acudimos de vez en cuando, para descansar del mundo y los demás y volver a encontrarnos un poquito a nosotros mismos.

Te sigo leyendo cuando puedo, y ver cómo tu blog crece y se hace cada día más grande es algo que me maravilla. Gracias por concedernos este privilegio. Un beso bien grande.

Stefania dijo...

Deliziosa e bella questa tua ricetta ♥ ciao

Robert dijo...

Todos tenemos una caja con nuestros recuerdos. El pan debe estar muy rico y las fotografías son, como siempre, excelentes.

Ingrid dijo...

Que bocaditos de pan!!! estan tremendos y seguro que más que buenos!!
Muchos Besoss

antonia dijo...

preciosa esta entrada, me encanta cómo nos cuentas las cosas
besos

fresaypimienta dijo...

Que delicia de pan, con el queso feta debe ser riquísimo! y que bonitas fotografías, la de la cuchara con la harina es brutal! muchos besos

The Breakfast Lover dijo...

Que bonito tu blog!
No conocía esta clase de pan pero tiene una buenísima pinta!

Judith dijo...

que pinta! ahora que ya me he animado con el pan me apunto tu receta!!! besitos guapa

Refranero dichoso ¡Dichoso refranero! dijo...

Sobre el relato:me ha llevado a la casa de mis propios recuerdos (nostalgias, sentimientos, pensamientos,vivencias, historia). A lo mejor todo lo imaginé pero "la mentira y la verdad no pueden vivir en paz"

Ni en el agua, ni en el viento, escribas tu pensamiento.

Coses de Llàbiro dijo...

Soy una fan incondicional del pan, perdón, del buen pan y este se ve bueníssimo. Aunque nunca he probado un pan así parece una pizza, no?
Feliz semana.

Carmen dijo...

Qué panecillos más deliciosos, no conocía esta receta ni nada parecido, pero tienen que estar muy ricos. Me lo apunto

Piluka dijo...

Tiene que estar buenisimo este pan! Unas fotos muy lindas. Besos

Monica dijo...

Las fotos son extraordinarias, esa luz me tiene embriagada.

Blo dijo...

He apenas regresado de Turquìa y ya me han entrado unas ganas inmensas por volver. No quiero ni imaginar leyendo el relato completo.

Trini Altea dijo...

Me gusta tú blog volvere a visitarte.

Linda Susan dijo...

Mil gracias a todos. Encantada de teneros aquí.Besos

Delikat Essences dijo...

Pues hoy mismo me he pasado a por ese libro de relatos que recomiendas, pronto le hincaré el diente, como a un sabroso bocado de pan :-)

encintura dijo...

Qué panecillos tan originales. Para acompañar un cuento que da que pensar.

Besos,
Nikk

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