martes, 5 de enero de 2016

Lo que nos salva


James Rhodes es un concertista de piano de 40 años pero con unas experiencias vitales de una persona de 80 años, por decir alguna cifra. Su historia ha empezado a ser conocida en España con la publicación de Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, editado por la editorial Blackie Books con un estupendo criterio.


El libro está compuesto por veinte capítulos, todos ellos con una explicación previa de las piezas de música y los autores favoritos del autor (aquí tenéis la playlist de todas esas obras). En él se desgrana la historia de Rhodes, desde cómo su profesor de música empezó a violarlo con cinco años de edad (y durante cinco años seguidos) hasta cómo intentó suicidarse varias veces, cómo se autolesionaba, cómo se prostituía y cómo vivió en un psiquiátrico durante un año aproximadamente.



Instrumental está escrito con una crudeza insólita, con un lenguaje coloquial y bastante “directo”; no es una novela, quizás unas memorias y, como digo, bastante desabrida.  Se puede pensar que es algo exhibicionista, incluso victimista y es una pena que al final casi podríamos calificarlo de libro de autoayuda: los consejos son excesivos y desmedidos. De todas formas, lo que me interesa del libro es la manera que tiene de utilizar el dolor y el horror para crear algo hermoso. Según Rhodes, uno no es creativo por el sufrimiento vivido sino a pesar de eso.



El autor dice que en la vida de todos hay momentos decisivos que te cambian la vida. Pueden ser positivos y también muy, muy negativos pero te acompañaran para siempre.

Yo tengo claro cuáles son los míos, también que no habrá forma de dejarlos atrás.  Lo que me parece inteligente de Rhodes  (también de otros autores como Joan Didion, Luis Mateo Díez o Gabriela Ybarra, más recientemente)  es la capacidad que tiene para  crear a partir de algo que le ha hecho, le hace y le hará tanto daño. El dolor, el horror y todos esos ratos malos, malísimos, son fructíferos y se pueden aprovechar; eso es lo maravilloso de este libro.



“Allí donde está el peligro también crece lo que nos salva” decía Hölderlin. Nos salva la belleza, lo hermoso, aquello que nos gusta, nos entusiasma y nos empuja a seguir adelante. A mi hay muchas cosas que me salvan: la belleza, el arte, la literatura, escribir, hacer fotos, cocinar, correr, el cine y la música. Todas estas cosas se unen en este blog, así que aquí me tenéis, con más o menos asiduidad, pero siempre al pie del cañón.


No se me ocurría un día mejor para publicar este post, tampoco otra receta. He querido hacer algo original, algo que a un niño pudiera gustarle mucho… , finalmente, creo que no hay un día más lleno de ilusión para un niño que el día de la llegada de los Reyes Magos; así que aquí tenéis un roscón. 



He seguido una receta base, muy parecida a esta de mi compi Bake Street, le ha quedado impresionante, ¿verdad? El mío no es un roscón en sentido estricto, es un pequeño bocado hecho con la misma masa, algo dulce y de una sola pieza para un niño. Una pequeña alegría.


3 comentarios:

Augusto García dijo...

Me sigue maravillando como eres capaz de conjugar literatura, fotografía y cocina. Es una combinación simplemente maravillosa.

Un saludo y por favor, no pares de escribir.

Catypol dijo...

Ciertamente, lo ha dicho Augusto y estoy de acuerdo, no sé me habría ocurrido conjugar la historia de Rhodes con esta receta pero a pesar de eso, sublime. Besos

Mónica López dijo...

Hay que aprender a disfrutar y vivir los malos momentos. Al final también forman parte de nosotros y nos moldean el carácter y la forma de afrontar la vida.
Un roscón perfecto.
Besos!

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