domingo, 21 de junio de 2015

¡Ese café es mío!



Quien me conozca, sabe que me gusta el café. Quien me conozca, sabe que me gusta tomar un café el sábado por la mañana leyendo el periódico. Quien me conozca, sabe que es en el Hércules. La otra mañana estaba saboreando el primer sorbo cuando comenzó a sonar El animal, una canción de Franco Battiato. La había escuchado más veces, pero me llamó la atención, tal vez porque tenía un café entre mis manos.  Sin darme cuenta  (aunque quizás lo hiciera de manera inconsciente) comencé un diálogo con el cantante:



F: Vivir no es muy complicado
E: No estoy de acuerdo-repliqué-, a mí, me parece bastante lioso.
F: Si puedes renacer después y cambiar varias cosas…
E: Tampoco coincidimos. Hay que vivir ahora-Battiato me miró y la sombra de su nariz se proyectó sobre su rostro en un gesto que no sé si era de incomprensión o de asombro, pues claramente él no estaba allí.
F: Las frivolidades y tanta estupidez…
E: Sí, eso sí, habría que acabar con esas cosas-comenté. Él sonrió pero continuó cantando.
F: Mientes, tú mientes bien.
E: No comencemos, por favor.
F: Cuando te tengo junto a mi, tú me das la razón.
E: No siempre, lo sabes-él se encogió de hombros, pues además  de no haber sido presentados, se dio cuenta de que yo dialogaba con otro persona, no sé quién, a través de la letra de su canción.
F: Y quisiera decirte que prefiero estar solo.
E: Sabes que eso es imposible.
F: y el animal que yo llevo dentro…
E: ¿Soy yo?-pregunté.
F: No me ha dejado nunca ser feliz-inclinó la cabeza con un gesto de nostalgia, pero ¿quién era?
E: Eso depende de ti
F: Me roba todo, hasta el café
E: ¡Con lo que a mi me gusta!
F: Me vuelve esclavo de mis pasiones
E: Las pasiones-dije incorporándome-no pueden ocultarse. ¡Jamás!
F: Sin desistir jamás y nunca espera-él hizo un gesto con la mano para que permaneciera sentada.
E: La impaciencia
F: Y el animal que yo llevo dentro te ama a ti.
E: Y yo me odio, y quizás todo se une en la misma persona, como me pasa con otros.
F: Dentro de mí, chispas de fuego y el agua que lo apagará. Si quieres ver cómo arde, espárcelo en el aire o déjalo en la tierra. Y el animal…




Acabó la canción.  Quizás, fui yo-o el animal que llevo dentro-quien le dio al stop. Franco Battiato había dejado una sonrisa en el aire  y yo- o el animal que llevo dentro de mí-se había acabado el café.

Por eso ahora, cuando ha empezado el verano, me apetece otro café, un granizado de café: es delicioso, frío y ahora no, no voy a dejar que me lo roben.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta el café. Me gusta Battiato. Sencilamente... delicioso

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