domingo, 17 de mayo de 2015

El corazón es rojo




¿Qué es vivir? ¿Cómo se realiza una vida? Al avanzar mientras intuimos el camino y, sobre todo, no nos quedamos paralizados por los miedos, sino que los superamos. Ser valiente:  arriesgarse, como me repiten tanto en los últimos tiempos.  Nuestros miedos con frecuencia nos paralizan, matan el día impidiendo que la luz (nuestras ilusiones,  nuestros proyectos e ideas de futuro) abra el camino delante de nosotros, y terminamos encerrados en nosotros mismos. 

En la canción que os traigo hoy, Gallo rojo, gallo negro, en la versión de Chicho Sánchez Ferlosio, se manifiesta una dicotomía de colores, de actitudes ante la existencia, de sentimientos, de formas de actuar, de intenciones, que son el trasunto de ideas políticas. No se trata, sin embargo, de ningún dualismo (bien/mal), porque el problema de fondo no es tan simple: hay algo que guarda relación con el maravilloso hecho de estar vivo, de sentir palpitar la sangre, roja como uno de los gallos.


El gallo negro es grande y traicionero: la noche, la ceguera porque está al final, pero sin haber hecho el recorrido de la vida.  Se sitúa en la muerte, a su favor: parece paralizar con su sola presencia. Es el miedo a la muerte que es en sí mismo muerte, un ocaso que no ha conocido amanecer.

El gallo rojo, por su parte, es valiente, tenaz, tiene coraje. Está en el alba, también teñida de rojo, que anuncia la vida, la sangre pujante que vibra. La realización de la vida concreta: una vida finita que se sabe encaminada hacia la muerte, pero que no renuncia ni a la vida ni a la alegría. Es la llamada de la primera luz del día.


Pero volvamos a la canción. La batalla en la arena puede referirse a la historia: república contra fascismo, libertad contra totalitarismo, razón contra fanatismo… esas batallas hay que pelearlas aunque nos ataquen con más virulencia. Otras batallas debe enfrentarlas uno solo, en el desierto. Retar los propios miedos, de frente, sin mirar atrás, con coraje que es más que la ausencia de miedo, es saber que hay algo por lo que  merece la pena arriesgarse y dar la cara.

Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró arriesgaron haciendo granada (ellos insisten en que se debe escribir con minúscula), un disco maravilloso, de versiones, algo más que un riesgo. Tuve la suerte de verlos una noche de verano en Sevilla y en ese momento el álbum--no sólo el álbum--adquirieron otra dimensión.




Esta receta es otra dicotomía y también otra dimensión, las alubias negras con arroz, pero esta vez rojo también vibrante, lleno de vida… En la comida, cuando se producen felices encuentros,  las diferencias suman sabor y ¿no aspiramos a eso también en la vida?



4 comentarios:

Mayte dijo...

Una dicotomia llena de belleza...que nos lleva a viajar de un lado a otro lleno de vida y sabores que se entregan a cada aroma y palabra.

Un beso y vibra buena.

Anónimo dijo...

me gusta

Anónimo dijo...

Gran entrada con fotos estupendas

Jetsa dijo...

Y ya está? Qué sencillo

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