domingo, 13 de octubre de 2013

La chocolatina más cara del mundo

Andreas Gursky es un fotógrafo alemán muy conocido por el orden y las líneas en su fotografía. Claramente influenciado por sus maestros, Bernd y Hilla Becher, y por sus compañeros de la Escuela de Düseldorf como Cándida Höfer, Thomas Ruff y algunos otros.

La fotografía de la que quiero hablarlos es una de las más cara del mundo; se llama 99 cent y plasma una gran superficie llena de paquetes de colores, casi todo chocolatinas de diferentes marcas y variedades. Por supuesto, la foto tiene su significado: la denuncia de nuestro mundo consumista y globalizado. Me parece especialmente interesante la visión y la idea de este fotógrafo que trabaja con cámaras de gran formato, pero aún más la paradoja que se da con esta pieza: una fotografía que ha resultado ser carísima denuncia el consumismo que nos rodea. La paradoja es sólo aparente, pues quien quiera ser un artista relevante debe poner sus obras en el mercado: el capitalismo absorbe incluso aquello que lo critica, pues de ese modo lo convierte en una mercancía y, por ende, en algo irrelevante.


Se trata de un díptico vendido por más de tres millones trescientos mil dólares, que despierta muchas controversia y nos hace pensar.


Es curioso que las personas que aparecen en la fotografía pasen casi desapercibidas por la enorme cantidad de mercancía que se muestra (si vemos la fotografía original se podrían ver todos los detalles por tener una magnífica calidad). ¿Ha querido decirnos el autor que el ser humano desaparece o se vuelve irrelevante en la sociedad de consumo? El capitalismo, tal como lo conocemos, no puede sobrevivir sin convertir en mercancía todo lo que toca, pero al hacer eso hace que cada cosa tenga un equivalente y, por tanto, sea sustituible: desaparece el “reino de los fines”: valores éticos y estéticos son tragados por la gran maquinaria de la economía. Aunque se haya convertido en una mercancía, el arte sobrevive en esta fotografía como denuncia.



Esa es la impresión que tengo muchas veces: nada es imprescindible y, por supuesto, nada es original.  Como decía, el sistema económico y la sociedad en que vivimos hace que al final todo tenga su equivalente y si desaparece un tipo de chocolatina, al día siguiente encontraremos una más novedosa y parecida que nos hace olvidar la anterior.  Claro, esto ocurre con todo lo que nos rodea: la tan traída y  llevada obsolescencia programada…



Por eso hago unas chocolatinas caseras que no son perfectas, no son todas iguales, no podemos comprarlas cuando nos apetezca, no son tan baratas como cualquiera del supermercado y no están envueltas en papel de colores pero sí son diferentes, son especiales y, al menos para mi eso las hace ganadoras.


13 comentarios:

Anónimo dijo...

Prefiero las chocolatinas caseras que además tienen siempre algo diferente. Y las fotos me encantan.
Nieves.

Lucia Martínez Argüelles dijo...

No conocía esa foto, ni su significado/reflexión. Y estoy de acuerdo contigo.

Anónimo dijo...

Nos traías literatura, arte, cine, música y ahora fotografia, cocina y crítica socio-económica. Maravilloso post, colorido y crítico en estos tiempos donde casi todo esta a la venta. Menos tus fotografías. Una lástima.

Un post muy colorido pese a la crítica que hace -muy acertada- a la sociedad de consumo.

Todo un placer.
Virgilio

Mayte dijo...

El negocio antes que el arte, el arte después de todo, la delgada línea que todos tememos, de la que algunos huimos, no rendirse al consumismo, y aún así disfrutar de cada momento, de la belleza y la sencillez que la vida trae a pesar de todo...eso lo consigo cuando vengo a verte.

Me fascinan tus chocolatinas, porque son hechas con arte y alma.

Beso!

Lapitusa dijo...

hay cosas imprescindibles y tremendamente originales que no se compran con dinero, ni siquiera tienen precio. tu chocolate ♥

AllColorsAreBeautiful dijo...

Esto de que el capitalismo no puede sobrevivir sin convertir en mercancía todo lo que toca, o todo lo que tocamos o empieza a interesarnos a los hombres, lo tengo muy claro incluso cuando elegimos hacer la compra en tiendas especiales, concienciadas y supuestamente sensibles.... la rueda no se para ante nada, otra vez caemos en la trampa del consumismo aunque sea con un packaging "responsable"

La chocolatina es adorable....

Dezazu dijo...

Umm que pinta mas deliciosa que tiene!!besos
dezazu.blogspot.com.es

antonia dijo...

Qué curioso lo de la fotografía! La verdad es que da qué pensar pero me quedo con tu chocolatina y tus fotos que, a diferencia del díptico, transmiten serenidad.

Aurélie dijo...

Me ha encantado que esta vez analicemos una obra fotográfica, y más aún con todo el sentido implícito que conlleva ésta.
Conocía la obra pero no el autor y, como siempre, ha sido muy instructivo.
¿Qué podemos añadir a lo que has comentado tú? No mucho, aparte de que sea muy triste que nuestra sociedad sea así. Somos (y me incluyo) dependientes del consumismo, por mucho que lo aborrezcamos. Acordamos una importancia desmesurada a lo material, sin embargo, queda mucha gente que exprese su vida interior a través del arte, sea cual sea, por lo que hay ezperanza ;-)
Y tus chocolatinas al natural, me encantan, mucho muchísimo, con o sin desperfectos, son perfectas!
Un beso,
Aurélie

Coses de Llàbiro dijo...

Estoy totalmente a favor de la imperfección casera, me encanta!
Besos.

Anónimo dijo...

No se porque cuando leo el texto y me recreo en la foto me quedo sin palabras y me hace pensar...gracias. Las chocolatinas caseras me encanta, me gustan muuuuuuucho.

Anónimo dijo...

Tampoco conocía la fotografía pero al mirarla he visto en primer lugar a las personas que aparecen. Cuestión de prioridades, pienso (¡y no será que no me gusta el chocolate!)

Judith dijo...

ideales para el fin de semana! besos

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