viernes, 9 de marzo de 2012

Los colores de París. Trilogía parisina.







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Marc Chagall fue un pintor ruso, nació en Vitesbk en 1887 y murió en París en 1985. Abandonó su país de origen cuando terminó la Revolución Rusa en la que participó activamente llegando a ser Comisario de Arte para la región de Vitesbk,  pero, no le fue bien y se instaló en París en el año 1923.

Durante la Segunda Guerra Mundial vivió el drama de la deportación de los judíos franceses a raíz de la cual Chagall tuvo que abandonar París, pasó por Marsella, España y Portugal para recalar definitivamente en Estados Unidos en 1941. De esta forma viajando tanto, nuestros ojos pueden abrirse y descubrir más colores de los que conocíamos, de la misma manera podríamos conocer otros sabores que nos eran extraños y nuestro mundo se hará más ancho y completo.

El estilo de Chagall es bastante original, pues estuvo conectado con varias corrientes del arte moderno (surrealismo, cubismo, fauvismo) aunque siempre se inspiró en las costumbres de Bielorrusia, los temas bíblicos y su herencia judía presente en buena parte de su producción de pinturas y vidrieras. Sus obras nos regalan la alegría de vivir en un mundo de colores, hacen que nos asomemos a la vida a través de una vidriera, pero para descubrirla con mayor profundidad.

Entre sus obras más conocidas  está la Crucifixión blanca,  en la que el pintor quiso denunciar el genocidio judío,  y ésta  de la que quiero hablaros hoy: París desde mi ventana.

Entre los años 1920-1921 el pintor escribió un libro llamado titulado Mi vida (publicado en España por la editorial Acantilado). En  él explica cómo  todo lo que ve en París es lo que quería en Rusia; pero era un incomprendido: 

“Por que no confían en mi. Por que soy un desconocido en los ambientes artísticos. Porque en Rusia soy sólo un cero a la izquierda.
Y por qué todo lo que hago, les parece raro y todo lo que hacen ellos, a mí, me parece
superficial. ¿Por qué? No puedo hablar más de ello.
Amo Rusia.”

No obstante su amor por París,el artista sufrió y tuvo que verse rechazado por algunos mecenas como el señor Doucet a quien fue a ver con una carpeta de cincuenta acuarelas: “Tras un cuarto de hora de espera en su antesala, su criado  vino a devolverme la carpeta. “No necesitamos “al mejor colorista de nuestros tiempo””, dijo, en nombre de su maestro”.



Algo que nos llama especialmente la atención en sus cuadros es el color, en París desde mi ventana también. La ciudad de la luz se nos entrega llena de colores. Como los macarons, estos pequeños dulces o galletas franceses,tan delicados como los lienzos y tan coloridos y alegres como todas las obras de Chagall; pero en ellas no solo vemos lo que quería representar sino que también lo vemos a él,  al maravilloso pintor que nos supo dar no sólo su visión de la vida, sino su misma vida en los colores de su obra. Chagall nos alimento con los colores, esto también nos sucede con los macaron; sin duda están ricos pero con ellos aprendemos que el sabor también pertenece al sentido de la vista y que los colores también alegran nuestra existencia; por eso la cocina, que es vida, también es color.
Creo que sólo hay una persona que nos haya hecho ver la personalidad del pintor tan bien como él: Arnold Newman (uno de mis fotógrafos preferidos), aquí tenéis la prueba.


Gracias a Katie Stearns por la traducción.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Los contrastes en París. Trilogía parisina.


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Julie Delpy es una conocida actriz francesa que en el año 2007 dirigió y protagonizó la película Dos días en Paris.  El film tiene muchísimo de ella pues también escribió el guión, la música y su familia en la ficción es su familia en la vida real.
La trama se basa  en una pareja de enamorados: Marion (Julie Delpy), una fotógrafa parisina; y Jack(Adam Goldeberg), un decorador americano. Los dos viven en Nueva York y han hecho un recorrido por Europa cuya última parada es la ciudad natal de Marion, París. En esta hermosa urbe se contraponen la forma de ser de ella y de él, estableciéndose una serie de tópicos sobre París y NuevaYork;  Francia y Estados Unidos. Hay momentos en que la película tiene un ritmo delirante recordando en ciertos aspectos a Woody Allen; incluso ella es un tanto extravagante y él un enorme hipocondríaco. Todo ello forma parte de la gracia dea película en la que curiosamente los tópicos abundan para reirnos de nosotros mismos. Además, el personaje que hace Adam Goldberg está obsesionado con los ex-novios de su pareja y con el entonces gobierno de su país, cuyo presidente era George Bush llegando a vivir situaciones increíbles y simpáticas por ambas cuestiones.
Por supuesto, podríamos decir que todo esto es el decorado en el que vive una pareja que huye de la cursilería y los halagos, discute continuamente con diálogos sarcásticos y delirantes pero dejando sobresalir un amor sustentado en el sentimiento y no en la superficialidad o la afectación. Como en estos platos, lo importante es lo esencial: que estén buenos sin dejarnos llevar por la cursilería o ceremonia a la hora de la presentación; el envoltorio es lo de menos.
Se presenta, de esta manera, un choque cultural que muy bien podría corresponderse con estas dos recetas que presento hoy: la finura y elegancia de un croque monsieur y la tosquedad de un hot dog newyorkino . El croque monsieur dice mucho incluso sólo con su nombre; necesitamos cubiertos para saborearlo, el horno para gratinarlo y todo un ceremonial para disfrutarlo. En cambio, el perrito lo encontramos listo para comer con la manos y por la calle, porque lo hemos comprado en un puesto de la Quinta Avenida antes de llegar a nuestra próxima cita. He sonreído mientras escribía esto: he recordado la forma de comer de los americanos (que ya tenemos muchos de nosotros)con la mano que no sostiene el cubierto por debajo de la mesa y que en Europa puede considerarse una falta de educación. ¿Somos tan diferentes? ¿Hemos llegado a acoger tantas tendencias estadounidenses que ya no respetamos nuestras costumbres? ¿Somos tan parecidos? Los estadounidenses imponen su estilo gracias a su poder económico, de forma que nuestra transformación es evidente, como la de las ciudades. Como he leído en alguna ocasión: “París transformada por la publicidad...”

Estas reflexiones han traído a mi memoria el  maravilloso blog de Vahram Muratyan: Paris vs New York,a tally of two cities; Muratyan es un diseñador gráfico que trabaja entre París yNueva York y que expone en su página una sencilla colorida y particular visión de ambas ciudades. Os invito a verlo, merece la pena.

Gracias a Katie Stearns por la traducción.