Mostrando entradas con la etiqueta Cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de marzo de 2016

I've got life, I've got my freedom


En la última entrada de este  blog hacía referencia a mi incapacidad para decidir en algunos aspectos de la vida; no se trata simplemente de un rasgo de mi carácter, sino también de la continua avalancha de información a la que nos vemos expuestos.



Por eso, cuando traigo algo aquí es sólo aquí, no me gusta mezclar las cosas, y  estas suelen ser muy especiales para mí. Adoro a Nina Simone desde hace mucho tiempo e intento prestar atención a todo lo que leo y escucho sobre ella. Había leído aquí y allá maravillas sobre un documental de su vida, nominado a los Oscars de este año, justo en esa categoría y, con voracidad, me lancé a buscarlo.



El comienzo del documental me parece espectacular, espeluznante y lleno de emoción, porque aparecen escenas del concierto que la cantante dio el 3 de julio 1976 en Montreaux (yo aún no había nacido) después de haber pasado unos años en África. Un concierto verdaderamente sobrecogedor (podéis verlo aquí).  A partir de ahí ya podemos rendirnos ante la figura de esta mujer […] y no quiero decir mucho más porque realmente os lo recomiendo. Los dos: concierto y documental. ¡Tenéis que verlos!
Siempre me abruman los personajes que se transparentan, quiero decir, la gente de la que podemos adivinar su dolor a través de sus gestos, su cuerpo, su rostro y sus arrugas.  Eso es lo que se descubre en los dos documentos gráficos que os propongo. 



Se descubre que en El viento es salvaje,  Nina está deseando volar porque su amor es como el viento y, aunque ella no lo sabe, es la vida misma.



Pero se da cuenta de que hay Otra mujer, que como ella, al final pasará toda su vida sola.


Aunque en realidad, todas somos una, y una somos todas: cuatro mujeres que son la misma. Nina era muchas mujeres en una sola.



Por eso, Nina canta fuerte que Mañana es su turno, no más dudas, ni más temores, su suerte está volviendo porque La primavera está aquí y su corazón quiere ir a bailar. 



Todo esto me ha hecho pensar en el dolor y en las mujeres fuertes; también en la entrada anterior y en la voluntad de perder cosas, conscientemente... buscar la libertad. Nina buscó desesperadamente, y a lo largo de toda su vida, la libertad: quiso ser libre con mayúsculas y lo consiguió  cuando se desprendió de todo. 


La receta de hoy es una mezcla de todo esto: salado y dulce, verdura y fruta; el toque exótico del curry también nos acerca Nina y, sobre todo, la desnudez: la libertad de poder hacerlo y que esté rico. 


domingo, 21 de febrero de 2016

Perder es fácil

Como siempre, son varias las cosas que me traen hasta aquí. En los últimos días han confluido: Tirez sur le pianiste, un artículo de @guardian_el_ llamado Todo el mundo vive en Melrose Palce y un poema de Elizabeth Bishop titulado Un arte. A todos le encuentro un sentido parecido, una voz similar…



En el poema Bishop desgrana la importancia de vivir con menos, de perder las cosas, incluso lo importante o muy importante: el reloj de tu madre, tus casas, tus amantes…Entrénate en el sufrimiento de perder las llaves de tu casa, las del coche…quizás no es para tanto. Todo esto dice Bishop:


Un arte

No es difícil dominar el arte de perder;
Tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas,
Que su pérdida no es ningún desastre.

Perder algunas cosas cada día. Aceptar aturdirse por la pérdida
De las llaves de la puerta, de la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.

Después practicar perder más lejos y más rápido:
Los lugares, y los nombres, y donde pretendías
Viajar. Nada de todo esto te traerá desastre alguno.

He perdido el reloj de mi madre. Y, ¡mira!, voy por la última
-quizás la penúltima- de tres casas amadas.
No es difícil dominar el arte de perder.

He perdido dos ciudades, las dos preciosas. Y, más vastos,
Poseí algunos reinos, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue ningún desastre.

Incluso habiéndote perdido a ti (tu voz bromeando, un gesto
Que amo) no habré mentido. Por supuesto,
No es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces
Pueda parecernos (¡escríbelo!) un desastre.



Cuando llegan a mis manos poemas con los que me identifico tanto, siempre intento saber más de su autor, localizar todas sus obras, hundirme en ella. Como decía el otro día a propósito de esto, para saber si ellos sienten lo mismo que yo, si puedo aprender algo. Bishop vivió de niña la pérdida de su padre; posteriormente, la de su madre. Estuvo al cuidado de su abuelos, en un orfanato y finalmente, se independizó, viajó a lugares remotos y se ganó la vida con lo que más le gustaba: la escritura. Quizás su vida nos lleve a comprender sus poemas y a identificarnos con ellos: su falta de certezas, su sentido de lo provisional, su búsqueda constante; eso es lo que me atrae de ella.


Yo quiero entrenarme en el arte de perder, quiero vivir con menos porque, como le pasa a @el_guardian, me quedo inmovilizada ante todas las opciones que tengo en las manos, me apabulla el derroche, me da grima lo barroco; y sobre todo, no quiero equivocarme.



Tirez sur le painiste es una película de cine negro dirigida por François Truffaut, pero también todo lo contrario. El protagonista (Charles Aznavour) no es atractivo, ni encantador, mas bien enclenque y tímido. Fue un gran concertista de piano y ahora trabaja tocando este instrumento en un cabaret. Se desprendió de todo por razones que no voy a desvelar.




A veces lo realmente importante es tener un bocado sencillo que llevarnos a la boca y, sobre todo, poder compartirlo. Hoy he perdido la receta, pero seguro que todos sabéis cómo hacerlo. El arte de perder es fácil.  


domingo, 31 de enero de 2016

No es sólo el cristal con que se mira


He de confesar que no había visto ninguna película de Ettore Scola, al menos, que tenga en mi memoria. Hasta hace unos días, cuando leí este maravilloso artículo de Fernando León de Aranoa, que es el director de películas de éxito como Barrio, Un día perfecto, Los lunes al sol y algunas más; por eso, sabe bien de lo que habla. Acierta porque es sincero, delicado, sensible, certero y se queda con la parte del cine que le interesa.

En el texto, publicado en El País, habla de su fascinación por las películas del italiano, cuando el director español estudiaba en la facultad y su personalidad estaba moldeándose. De todas ellas hay una que le atrae especialmente: Maccheroni. Así que de Maccheroni quiero hablaros.


La película, no tengo duda, es una maravilla: hay un pasado común, pero que en los recuerdos de los protagonistas parecen diferentes (por cierto, algo que últimamente me hace pensar bastante: “las versiones” que cada uno tenemos de nuestro pasado, las diferentes formas de verlo;  gracias también a The Affair) e incluso dos realidades distintas: una americana, otra italiana; una fría, otra apasionada; una ordenada, otra caótica; una seria, otra alegre, una verdadera, otra esotérica… ¿No somos nuestra memoria? Y un recuerdo diferente modela quizás una realidad diferente de manera que incluso habiendo recorrido el mismo camino, hemos marchado por sendas diferentes. Esto podría ser incluso cine dentro del cine, pues al salir de ver esta película con un amigo es posible que hayamos visto cosas distintas: donde uno vio pesimismo—porque el pesimismo estaba—, el otro vio esperanza—porque también estaba. No se trata de que inventemos la realidad, sino que la recordamos de diferente manera.


Pues bien, esas realidades confluyen en un momento determinante de la vida. Las dos son hermosas y luminosas, las dos merecen la pena; merecen la pena ser vividas y tal vez hacen más intensa la existencia, pues ésta es siempre más compleja de lo que nuestros ojos solitarios alcanzan a ver.


Podría haber hecho un pastel de nata, tan típico de Nápoles como su caótica circulación, porque la imagen que funciona como emblema de la película es aquella en la que, como niños pequeños, los dos amigos aparecen manchados de esa nata espesa y blanca. Conociendo mi tendencia a los dulces, quizás hubiera sido más fácil… Pero he decidido hacer unos macarrones no sólo porque dan nombre a la película, sino también porque aportan ese matiz de realidad múltiple y confusa, ese maravillosa realidad que genera en nosotros recuerdos tan diferentes.




domingo, 24 de enero de 2016

Al Este del Edén. Me muevo porque sé que vendrán mañanas más veloces.


"Me muevo porque sé que vendrán mañanas/ más veloces" son unos versos de Andrea Bernal en su libro Pájaros.

Me sigo moviendo porque sé que vendrán días mejores, cosas aún más hermosas, lugares aún más luminosos, momentos incluso más felices. 

Algunas de esas  cosas inesperadas ya han llegado. Os dejo con algunas de ellas: 

Esta canción para seguir hablando de correr. Y esta otra, además, es una canto a la vida y al amor.
Este libro que no tiene nada de efímero. 
Esta imagen para perdernos en ella. 
Una película que estaba deseando ver. 

domingo, 11 de enero de 2015

268 1/2







268 ½ no es 1021 ab urbe condita; tampoco el año de  la derrota de los godos, o las veces que he hablado de Vila-Matas, es el número de post que he publicado en este blog. En estos días de enero se cumplen cinco años de su nacimiento y, como muchas veces he dicho, siempre he tenido dudas; pero he sacado el trabajo adelante.



Le he dado muchas vueltas a esta entrada, he pensado mucho cómo debía hacerlo hasta que finalmente surgió la idea:8 ½ de Federico Fellini. En esta película Marcelo Mastroiani interpreta a un director bloqueado, así que intenta buscar inspiración; evidentemente un trasunto de Fellini, quien tras el éxito de La Dolce Vita se enfrenta a una crisis de inspiración. Decía un premio Nobel español que quien resiste en este país, gana. Yo no quiero ganar nada, pero me parece importante haber mantenido este ejercicio de equilibrista durante cinco años. Como Mastroniani-Fellini, en ocasiones me parece haber llegado a un callejón sin salida, pues las ideas no caen del cielo; sí, a veces he podido bloquearme, pero ha sido importante poder sustentar mi aportación, que no es ni mejor ni peor que la de otros, pero es la mía. No sé si puedo estar satisfecha, pero estoy orgullosa de mi esfuerzo: de las 268 veces que me he parado a meditar qué obra de arte relaciono con qué, de las 268 veces que he tomado la cámara procurando no sólo no repetirme, sino aprender de lo que hago.



Evidentemente, vivir es cambiar, pero he vivido tanto últimamente, que necesito un descanso. Por eso, he decidido hibernar unos meses como los osos porque no puedo ser como un gorrión en París.

Una de las mejores cosas que me ha pasado gracias a La letra con salsa entra, ha sido trabajar con un maravilloso equipo en Panes y dulces italianos de las hermanas Simili, editado por Libros con Miga.  Por eso y porque son italianas, como Matrosiani-Fellini, os dejo con el pan carasau uno de los que he elaborado y fotografiado para el libro.

Nos vemos en Comida's  y os espero Al Este del Edén hasta la primavera.