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domingo, 20 de abril de 2014

Comerse la tristeza



A veces me embarco en una apatía vital que me lleva a navegar por aguas un tanto oscuras. Muchas veces me paro a pensar por qué  me sucede esto y me pregunto por su origen: siempre hay alguna causa más o  menos cercana pero el problema esta en lo profundo y no en la superficie.

Hace poco conocí a un filósofo coreano asentando en Alemania,  Byung Chul Han, cuya obra aborda los problemas fundamentales del hombre contemporáneo. En España se han publicado tres libros suyos, el último  La agonía del Eros, los anteriores: La sociedad del cansancio y La sociedad de la transparencia.  En todos ellos queda un poso común: antes los problemas atacaban al hombre desde el exterior, ahora es él mismo el que se ataca. “No cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos” Por eso, tenemos que aprender a mirar al otro, sólo así podemos salvarnos.




Nos convertimos en solitarios narcisistas, el mundo se reduce a nosotros mismos  y en nuestro horizonte vital no aparece nada realmente diferente, todo parece reducido a un juego de espejos. Para Byung Chul Han la depresión no es otra cosa que la imposibilidad para salir de nosotros mismos; pero para eso nos hace falta el otro, una verdad diferente.

Es cierto que en nuestra sociedad anulamos las diferencias y se nos obliga a buscar “una igualdad”; en la cocina puede suceder en ocasiones lo mismo. No sólo son las prisas, sino nuestra propia capacidad para disfrutar del resultado y, por supuesto, del proceso creativo.


Si es verdad, como dice Han, que hoy llevamos al enemigo dentro , ¿no serían nuestras cocinas un lugar idóneo para invertir esa situación? Alimentarnos para hacer que la vida crezca desde dentro y gane en profundidad. Comer como una forma de compartir con los otros, no esperar sólo lo que nos gusta, sino ser capaces de abrirnos a experiencias diferentes. Por eso pensemos en nuestras modernas cocinas como lugares de encuentro,  lugares del ágape: comidas que estrechan lazos entre nosotros.


Por eso hoy no hay receta: cada uno de nosotros debe ofrecer la suya, diferente. ¿Alguna petición para la próxima semana?