sábado, 12 de abril de 2014
Alimentos para el alma
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Alimentos para el alma
domingo, 6 de abril de 2014
Mirar la vida de frente
"Iré yo misma a comprar las flores."
Mirar la vida de frente, eso es
lo que hizo, y dejó escrito a su marido Virginia Woolf un 28 de marzo de hace
ya algunos años. En una apasionante carta le dice: «Quiero decírtelo, aunque todo el mundo lo sabe. Si alguien
hubiera podido salvarme, ése habrías sido tú. Lo he perdido todo salvo la
certidumbre de tu bondad. No puedo seguir echando a perder tu vida de este
modo» Leonard y ella se conocieron de jóvenes formaron parte del grupo
Bloomsbury y llegaron incluso a fundar una editorial, Hogarth Press.
Lo
que me interesa y me llama la atención de la escritora es su capacidad de
introspección, la utilización del monólogo interior y la calidad poética de sus
novelas. Tengo en casa sus Diarios (1925-30)
publicados por Siruela y en ellos se puede constatar su verdadera obsesión por
la escritura, su prosa es una pulsión rítmica que recoge la caducidad de las
cosas, ese estilo habla de su huida, de su miedo a parar y ser atrapada por la oscuridad.
No descansaba nunca, porque detrás de la inactividad llegaba el decaimiento y
nunca olvidaba el pasado que se hacía presente en todas sus novelas. Todo esto
podemos advertirlo en Las Horas, una
película que es como una matrisuka rusa, recoge tres historias de mujeres
diferentes en un solo día, cada una dentro de otra, entre otras cosas, porque
todas son la misma, todas están buscando un sentido a su existencia. Empezamos
por Virginia, quien escribe La señora
Dalloway, novela que está leyendo Laura
en los años 40, mujer que aparecerá en la vida de Clarissa sobre el año
2000.
La
película juega con el tiempo y por eso nos hace tenerlo en cuenta, es
importante tener conciencia de él y saber cómo podemos gestionarlo para
aprovecharlo mejor. En la cocina el tiempo es esencial, hay recetas que
necesitan estar en su punto, otras, con un simple toque de horno o sartén están
listas y algunas que como el chucrut necesita tiempo para su fabricación: un proceso de fermentación que conseguirá que
el alimento sea mejor con el paso del
tiempo. Quizás es eso sólo lo que necesitamos, un poco más de tiempo, solo un
poco más de tiempo para estar mejor.
Esta
es una de las reflexiones que se podría hacer sobre Las Horas y yo misma me hago recordándome en el cine viendo esta
película… ha pasado mucho tiempo y no he querido verla de nuevo hasta ahora,
tanto me llegó a afectar, pero en el fondo, en el fondo todo sigue igual: “Leonard siempre los años compartidos, siempre
los años, siempre el amor, siempre las horas."
"Siempre las horas."
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domingo, 23 de marzo de 2014
"La única verdad de todo este derrumbe"*
Posibilidades
Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.
Wislawa Szymborska. De "Gente en el puente" 1986. Versión de Gerardo
Beltrán
Wislawa Szymborska es una vieja conocida pero me sigue sorprendiendo la cercana realidad de su poesía, la cotidianeidad irónica de sus versos. Siempre descubro algo nuevo en ella, siempre. Nació en 1923 y murió en febrero de 2012 con 88 años de edad, se hizo mundialmente conocida al recibir el Premio Nobel de literatura en 1996. En estos días me acuerdo mucho de ella y de otras...
Válgame el Cielo si osara imitarla, pero estas palabras dejan cosas en claro.
Prefiero la fotografía.
Prefiero los amaneceres que son atardeceres.
Prefiero la melancolía a la nostalgia.
Prefiero tener a la mano papel y pluma.
Prefiero responder a que no me pregunten.
Prefiero el brócoli al solomillo.
Prefiero lo dulce a lo salado.
Prefiero el café en taza grande para desayunar.
Prefiero las rayas.
Prefiero "cambiar para que no cambie nada".
Prefiero tener en cuenta la posibilidad de que no todo fuera mentira.
Prefiero un "no sé" a la seguridad que me apabulla.
Prefiero el silencio a la palabrería.
Prefiero el original a la copia.
Prefiero lo sutil a lo más fuerte.
Prefiero seguir adelante que parar.
Prefiero ocho que ochenta.
Prefiero tropezar y levantarme.
Prefiero correr que volar.
Prefiero intentarlo y llegar hasta el final.
Prefiero la ternura.
Y aún así, prefiero hacerlo.
*"la única verdad de todo este derrumbe" son unos versos del poema Lo que somos incluido en Los desengaños escrito por Antonio Lucas y ganador del Premio Loewe 2013. Lo que me atrae de este libro y de todos los poemas de Szymborska no es lo que yo pienso de ellos, sino lo que ellos dicen de mí. Espero que lo disfrutéis.
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