viernes, 21 de septiembre de 2012
1080 es el futuro. Una odisea en la cocina.
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1080
domingo, 16 de septiembre de 2012
La comida amansa a las fieras
La fiera
de mi niña (Bringing up baby) es una película dirigida por Howard Hawks en
1938. La trama desarrolla la relación entre David Huxley (Cary Grant) y Susan
Vance (Katherine Hepburn); él es un paleóntologo a punto de casarse con su
secretaria y ella es una joven adinerada y de buena familia que manipula a
Huxley hasta conseguir lo que quiere. No hace falta contar mucho más, es un
clásico y todos lo habréis visto; quien no, debe ponerse rápidamente a rellenar
esa laguna, pasará un buen rato.
Lo curioso es que la película no tuvo nada de
éxito en taquilla, a Hawks se le retiró su siguiente largometraje y Hepburn
tuvo que ceder parte de su sueldo. Con el tiempo se ha convertido, sin embargo,
en una comedia imprescindible. Estamos hablando de una comedia, por lo tanto,
las cosas se exponen de forma liviana, muy divertida, con un ritmo trepidante y
loco que nos hace vivir momentos desternillantes. Aunque no por ello pierden en
seriedad. La fiera de mi niña es una
película de contrastes como al director le gustaba: contrastes entre hombres y
mujeres pero también contrastes entre dos tipos de mujeres, la novia remilgada
y estricta y la nueva chica, Susan, alocada, divertida y liberal.
El contraste entre las dos mujeres puede
proporcionarnos una reflexión sobre las diferentes formas de tomarnos la vida:
la pesimista y la optimista, la pausada y la acelerada, la reflexiva y la
alocada, la programada y la espontánea. Supongo que todos nos quedaríamos
siempre con el segundo adjetivo, aunque en la práctica eso no suceda, nos falta
empuje y nos sobra miedo. Por otro lado, no existe pureza en esto, es decir,
todos combinamos los dos extremos aunque sobresalga alguno; también como en la
cocina, alternamos sabores y algunos son predominantes. Digamos que la vida
puede ser el leopardo que aparece en el film, Baby, al que Susan no le tiene
ningún temor aunque sea un animal carnívoro y pueda “llevársela por delante”
mientras David tiembla con sólo escucharlo. Hay que arriesgar, en la vida hay
que arriesgar para conseguir lo que queremos; y para que el leopardo no nos
coma debemos proporcionarle alimento: un curry de carne, sabroso y exótico como
este, con sabores intensos que ayudarán a amansar a la fiera, entonces
tendremos la valentía para poder con ella.
Por otro lado, en la cocina tampoco vale el
miedo, hay que alimentarla con la experiencia, con el trabajo y el esfuerzo y,
por supuesto, el entusiasmo y la ilusión porque como en la vida; hay que proponerse
seriamente los sueños, entonces dejarán de serlo.
Gracias a Katie Stearns por la traducción.
domingo, 2 de septiembre de 2012
El alimento de la hospitalidad
Este verano he tenido la fortuna de acudir al Festival de Teatro de Mérida: se
estrenaba Electra, la tragedia griega
de Eurípides, con adaptación de Vicente Molina Foix y dirigida por José Carlos
Plaza. Por supuesto, además de sentirme apabullada ante un escenario tan
increíble, la obra me proporcionó algunas ideas para reflexionar.
Electra era hija de Agamenón,
que fue asesinado a su llegada de la Guerra de Troya por Egisto, el amante de
Clitemenestra, la madre de Electra. Ella es entregada por su madre a un
campesino para evitar que tenga descendencia noble; viven en el campo adonde
llega el hermano de Electra, Orestes. Sin darse a conocer, intenta averiguar si
su hermana estaría dispuesta a vengar la muerte de su padre. Ambos planean la
venganza y una vez llevada a cabo el sentimiento de culpa los hace infelices y
vulnerables.
En la Antigüedad el deber de
la hospitalidad era sagrado. Aparece en la Ilíada, en la Odisea e incluso
hay un mito, el de Baucis y Filemón,
dedicado exclusivamente al deber sagrado de la hospitalidad. Podemos observarlo
en la acogida de Orestes por Electra aún desconociendo que era su hermano. En
el mundo griego la hospitalidad sería un deber moral, puesto que tiene un
trasfondo de respeto a los que necesitan ser hospedados, es un derecho que no
se puede negar a nadie porque, según creían los griegos, los huéspedes son
protegidos por Zeus.
De manera que cuando alguien
llega a nuestra casa lo acogemos con lo mejor de nosotros, con lo mejor que
tenemos ¿qué plato podríamos ofrecerle a un invitado? Algo sabroso y original,
ligero pero saciante, que lo haga sentir en su casa y le abra la puerta a un
mundo nuevo de sabores. Esta morcilla con queso de cabra y mermelada de tomate
puede ayudarnos a dar calor a los necesitados y a descubrir nuevos matices de
la vida.
El que llega trae siempre
algo consigo, su historia y su vulnerabilidad, ambas nos invitan a sentarnos
con él, servirle, escucharlo y cuidarlo. En las ciudades actuales hemos perdido
en buena medida la hospitalidad y sólo aocgemos a desconocido, pero de la misma
manera que un plato desconocido nos abre las puerta de un mundo nuevo, una
persona extraña puede ayudarnos a descubrir otros mundos.
Como toda tragedia y según creían los griegos, Electra causa una "katharsis", una purificación, el estado del espíritu después de la tragedia. Es la purificación del alma, cuando ha comprendido la causa profunda de las cosas, nos prepara de nuevo para los actos del deber y para la aceptación del destino. La tragedia es también un renacimiento, un resurgimiento y giro. ¿No podríamos decir algo parecido de la comida? Comer podría ser también un acto de purificación y aunque nuestra cultura desconoce distinción entre alimentos puros e impuros, los alimentos nos dan fuerza y nos preparan para la vida precisamente porque son parte de ella.
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Agridulce,
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