La archiconocida novela de James Joyce, Ulises, transcurre durante un día que se nos acerca, el 16 de junio. Su dos protagonistas Leopoldo Bloom (por eso Bloomsday) y Stephen Dedalus dan un paseo por Dublín en esa fecha. Joyce escogió ese día por ser aniversario de la primera vez que tuvo una cita con su esposa, Nora Bernacle.
Bloom es un judío irlandés que simboliza el Ulises y Dedalus a su hijo Telémaco, ambos buscan algo: el primero, a su hijo y el segundo, la dedicación a la escritura: Toda la acción se desarrolla en Dublín durante 24 horas y se conmemora todos los 16 de junio desde 1954 haciendo el mismos recorrido que estos hicieron. Este año incluso una estación de radio creada para la ocasión aportará material “jocyano” desde Nueva York. Podéis verlo aquí. Y, desde luego, mi admirado Vila Matas junto con los otros caballeros de la Orden del Finnegans, acudirán a la cita ineludible.
Joyce (1882-1941), que nació en una familia acomodada, se valió de algunas técnicas experimentales para describir situaciones reales: combinó la tradición literaria con su estilo único. Ulises es la novela que lo dio fama universal, es una novela compleja y polémica: muchos la consideran la mejor obra jamás escrita, otros no han conseguido terminar de leerla. Después de esta publicó Dublineses y Finnegans Wake.
Ulises está repleta de referencias gastronómicas: “Caliente vapor de sopa de cabeza de ternera y vaho de bollos con mermelada recién sacados del horno brotaban de Harrison. El pesado efluvio del mediodía le cosquilleó al señor Bloom la parte alta de la garganta. Para hacer una buena repostería hace falta mantequilla, azúcar de caña, o si no, lo notan con el té caliente. ¿O viene de ella? Un golfillo descalzo estaba sobre la reja inhalando los vapores. Así mata el roer del hambre. ¿Es placer o dolor? Comida de a penique. Cuchillo y tenedor encadenados a la mesa.”
“Picante cabeza de ternera rabo de buey sopa al curry. Yo también tengo hambre. Migas de repostería en la pechera de su vestido: un toque de azúcar harinosa pegado a su mejilla. Pastel de ruibarbo con abundante relleno, rico interior de fruta”.
Joyce utilizó la tradición para dar una vuelta de tuerca, para dar un giro, para renovar, según el mismo dijo, su obra iba: “a mantener entretenido a los catedráticos durante siglos”. A su manera, me he decidido por unos típicos “scones” muy conocidos en la gastronomía del Reino Unido (parece que su origen es escocés) acompañados con jamón, higos y mermelada de cebolla. La tradición renovada, combinación española y británica, mezcla agridulce: ¿es placer o dolor?












