Bartolomé Esteban Murillo nació un 31 de diciembre de 1617 en Sevilla. Tuvo 14 hermanos siendo las hermanas mayores quienes lo criaron al morir sus padres. Se formó como pintor en el taller de Juan Castillo donde fue compañero de Alonso Cano. A los 22 años montó su propio taller y se interesó a fondo por la pintura flamenca, aunque al parecer no salió de su ciudad, que era en la época un emporio comercial.
Es principalmente conocido por sus Vírgenes con niño (la impresionante Virgen del Rosario) y por sus Inmaculadas. De gran realismo, su pintura también recogió algunos temas sociales y de estética naturalista en sus obras más populares, como los niños mendigos que nos ocupan hoy; Niños comiendo melón y uvas que se puede contemplar en Alte Pinakothek, de Munich.
En la obra, hacia 1645-50 apreciamos la influencia naturalista en la pintura de Murillo. Las dos figuras aparecen delante un edificio en ruinas; el artista quiere representarlos como auténticos “niños de la calle”, con ropas raídas y gestos de avidez. Las frutas han sido plasmadas de manera muy realista, la pincelada tiene soltura, rapidez y vemos ahora algunas transparencias. El color es dulce y el fondo, bastante luminoso; parece evidente la influencia veneciana; aunque esta no es la única que se aprecia en sus obras: también Ribera, Zurbarán, y la pintura flamenca.
Como decíamos, Murillo quería representar a la gente de la calle en la Sevilla del siglo XVII, niños y ancianos hambrientos, maltrechos, abandonados, pero siempre con un gesto de dulzura que los hace entrañables y humanos, brillan por su dignidad y están rodeados por un hálito de belleza que nada tiene que ver con la apariencia ¿No se estaba representando a si mismo en un pasado imaginario? Un niño de 10 años que se queda sin sus padres. ¿Pintaba de esta manera una suerte de agradecimiento a sus hermanas?














